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    Agosto 29 de Agosto de 2006  |  10:02    
LA CORDA DE PATERNA

La celebración, que tiene lugar anualmente en esta población valenciana el último domingo del mes de agosto

Pues La Corda es...

Cualquier calificativo es suficiente por sí para que todo el mundo pueda opinar, tradición porqu


"LOS PATERNEROS", forjados de un carácter que los identifica, viven su limitada fiesta como la mas grande de todas; cuando la transforman en una locura, es una tontería para unos y una barbaridad para otros, aun así, la han exportado al mundo a través de su gran capital "VALENCIA", en fallas, aumentando su protagonismo, realzándola e inmortalizándola.

Una fiesta que tiene su preparación en un pasacalle de cohetes que se celebra con anterioridad a éste acto, cohetes de bengalas y colores cogidos a unas tenazas que llevan los festeros, formando en procesión dos hileras paralelas. Colorido, humo, chispas y explosiones se suceden entremezclados entre la multitud que abarrota el recorrido. Son los primeros contactos con el fuego, la asfixia del humo, los ojos llorosos y los miedos al nivel que uno quiera, participando el público del júbilo y la fiesta entre las dos hileras y en la estrechez de las calles, o de solo espectador a un lateral. Es ya un espectáculo maravilloso para quien no lo conoce.

Terminado el PASACALLE se inician los preparativos para "LA CORDA" con la intervención de organizadores, vecinos de la Calle Mayor, municipales, pirotécnicos, tiradores de cohetes y público.

Los organizadores, ya han preparado concienzudamente todos los eventos, la preparación de los tiradores de cohetes, las cajas , los sitios, las reservas de materiales pirotécnicos, los tiempos, el principio y el final, anteriormente, revisado la cantidad y calidad de los cohets, cohetons y femelletes (material pirotécnico), que se lanzará en La Corda; Con las autoridades, tienen preparados los puntos de asistencia médica, señalizada la Calle Mayor y avisados a su vecinos y éstos, como siempre, han soportado esta tradición, resguardan sus puertas, sus ventanas, azulejos y todo aquello que pueda ser quemado, porque el fuego lo alcanzará, dobles puertas para evitar lo inevitable, la entrada de humos o amigos que crecen como setas cuando se acerca éste día y hora. Nadie quiere perderse el acontecimiento.

Los tiradores de cohetes, al igual que un torero se prepara para la corrida, se visten con toda conciencia, no se arriesgan más de lo necesario porque conocen lo que hacen, cubren su cuerpo en función del riesgo y del daño, se abrigan, calzan y cubren su cabeza como unos astronautas, de hecho van a estar muy solos en esa Calle Mayor. Su esfuerzo será muy importante, perderán peso por la calor asfixiante.

En el ambiente flota esa ansia y miedo de lo que se avecina, la Calle Mayor va cerrando puertas, los accesos ya solo son para los vecinos. Llega el camión de la pirotecnia, va quedando solo en la calle personal autorizado; con toda precaución, van depositando el material en el sitio que se tiene que tirar (unos 60.000 cohets, cohetons y femelletes, repartidos en 130 cajas) haciéndose responsables los tiradores del lugar asignado y el resto en los lugares de reserva de material, todo con mucho cuidado, se hace interminable.

Van a ser de 22 a 30 minutos de los más acuciantes, en ese tiempo todas las emociones se agolpan en el pecho, nuestros amigos, familiares o hijos, están muy cerca del lugar, unos dentro y otros a las salidas de la Calle Mayor, pendientes de lo que se avecina, tienen ganas de que comience, escudriñan la Calle Mayor por si todo está ya ha punto, lo tiradores y material en su sitio y una traca rápida de femelletes desparramada por el suelo.
El acto va a comenzar, ya se ve una bengala verde cruzando la Calle Mayor, a su paso los primeros chispazos encendiendo las mechas que prendarán los cohetes, aunque después no harán falta. Por fin, se enciende una bengala roja, el público se posiciona y retira para poder ver, sin riesgos unos y atrevidos otros. La traca inicial prende y con ella unos 200 cohetones y unas 200 de femelletas avanzan por toda la calle.

Desde fuera parece que la calle Mayor se enciende en llamas, cohetes sueltos buscando destino, solo vemos mucho fuego, humo y cuerpos moviéndose entre ellos, son los tiradores preparando su actuación. Desde dentro, como tirador el espectáculo no desmerece. Se acerca la traca rápida plagada de cohetones y femelletas como si de una avalancha de humo y fuego les cayera encima. En unos segundos, su cuerpo se estremece, se comprime y se dilata con los nervios, sienten en sus carnes todo ese fragor de silbidos y explosiones, invadiéndoles una borrachera de humo y felicidad cuando comprueban que no ha pasado nada, es su momento activo, es el momento en que el tirador hace que La Corda sea un espectáculo, acompasando su fuego al de otros tiradores para que haya armonía, no se detenga. Grandes llamaradas hacia el cielo por la explosión, controlada o no, de cajones con material, unas veces es el incremento del fuego quien lo presagia, otras, es la temperatura, otras las explosiones, no se para, casi no se respira, todo es trepidante, de pronto, comienza a faltar material, ya no hay reservas, han pasado 20 minutos, todos muy rápidos para los de dentro, para los de fuera de todo hay. Una bengala verde cruzando la Calle Mayor nos indica que La Corda ha terminado, hay que quemar en los dos minutos siguientes todo lo que quede.

Después de La Corda, comprobando que los tuyos no han tenido problemas, hay tradición en pasear la Calle Mayor, comentar el acontecimiento, comparar con otros años, ver que todo está intacto o que no queda nada en su sitio, en el suelo miles y miles de escombros de cohetes se amontonan, huele a pólvora.

Paso a la chocolatá, descansar ducharse y comenzar de nuevo, esta vez con las peñas, muy importantes en la fiesta y organización de las Cordas, señalando "La Penya de L´Espardenya" y la "Penya el Bouet", en los barrios, más libres, más sueltos, sin tanto protagonismo, solo el de los amigos, hasta la madrugada.
Este año (2001), el Ayuntamiento ha tomado la iniciativa de construir un cohetódromo, una especia de jaula gigantesca para poder tirar los cohetes que quieran las peñas o particulares con el fin de evitar daños y molestias a terceros (vecinos y viandantes) a la vez que que sirva de espectáculo a todo el que lo quiera sin peligro, jaula excelentemente equipada para prevenir daños a los tiradores. Pues bien, saltó la polémica y lo que me parecía a mí que podría ser un gran invento, digno de un pueblo que va por delante de todos los demás en iniciativas referentes al fuego, se convierte en arma de peñas y partidos políticos para enfrentarse a dicho proyecto a la vez que con el gobierno municipal. Las excusas variadísimas, que si el tamaño, que si la legalidad, que si ratonera o yo que sé, de los partidos lo entiendo, perdón, tampoco lo entiendo, pero de las peñas menos. Si por tradición es, que las peñas tienen muy poco de tradición, escasamente unos años, se sabe que desde que se iniciaron las recordaes, primero en la tarde de San Vicente (hace unos 45 años) y, posteriormente, conforme las economías fueron creciendo, en la noche de La Cordá. A los tiradores no les hacía falta mucho espacio, dentro de una habitación, en un círculo de amigos, o bajo de la mesa, etc., siempre para que no se escaparan y aprovecharlos mejor, en fin, con esto quiero decir que fueron adaptándose a los tiempos, y los tiempos siguen cambiando y no es posible seguir como hasta ahora. Como tiradores, tenemos muchas mas posibilidades, más fuego, más peligro, más responsabilidades y obligaciones, pero la gente, los vecinos y viandantes, también tienen muchos más derechos y libertades. Con todo lo mayor que es Pepín y su equipo, creo que se ha adelantado a los tiempos y va a POTENCIAR QUE A MAS GENTE, le gusten los fuegos.

http://webs.ono.com/usr028/VICENTEMARCOM/lacorda2.htm

La celebración, que tiene lugar anualmente en esta población valenciana el último domingo del mes de agosto, cuenta con más de cien años de antigüedad y pone punto final a las fiese una bengala de luz verde anunciará el inicio del espectáculo de pólvora, que tiene lugar en un espacio cerrado habilitado para la ocasión.

Los coheters van protegidos con cascos metálicos con rejilla en la zona del rostro, botas altas y un mono y guantes de cuero, vestimenta que precintan con cinta aislante en muñecas, cuello y tobillos para evitar resultar heridos por el fuego.

También se protegen con toallas o prendas de algodón humedecidas con agua, puestas bajo los monos de cuero, para evitar quemaduras o amortiguar el impacto de los petardos.

Un recinto de rejilla metálica de 120 metros de largo por 8 de ancho levantado en la calle Mayor del pueblo es el escenario del disparo de los 50.000 cohetes, tarea a cargo de miembros de las peñas festeras y de la Comisión Técnica del Fuego, creada en 1974 y que, además de preparar la fiesta, supervisa estos días la correcta celebración de la cordá.

Mallas metálicas sellan las ventanas, balcones, y portales de las viviendas que rodean el cohetódromo para evitar así que algún cohete que haya burlado el recinto de seguridad entre en las casas.

Protección Civil, Policía Local y personal de Sanidad supervisan la buena marcha de la cordá, que suele comportar unos cuantos heridos por quemaduras.

Tras el lanzamiento de todos los cohetes, una bengala roja señala el final de esta batalla de pólvora, fiesta que se ha convertido en reclamo tanto para valencianos como para turistas españoles y extranjeros.

La pólvora tiene una presencia permanente en las fiestas patronales de Paterna, ya que los vecinos disponen antes de la cordá de nueve días para disparar sus petardos en el cohetódromo